NO HAY SOBERANIA SI EL SOBERANO NO ES EDUCADO PARA GOBERNAR

¿Como construir una Nación soberana si SU SOBERANO tiene su subjetividad colonizada?



Educando al SOBERANO a educarse a si mismo.

jueves, 24 de abril de 2014

Para los que quieren la vuelta del Servicio Militar Obligatorio
Por Jorge Roberto Beghé.
Para razonar sobre el tema, empezaré por hacer algunas preguntas: ¿Considera que sus hijos deberían cambiar, a los 18 años, la opción por capacitarse intelectualmente para afrontar la vida o prefiere que dedique ese tiempo en aprender a matar?¿Creen ustedes realmente que la juventud que no tiene una expectativa de vida concreta o que vislumbra su futuro participando en una sociedad con justicia social, le aportará algún beneficio el ser humillado, despersonalizado y/o estar sometido a los deseos de un militar, sin ningún derecho que respalde su condición de ser humano?¿Creen ustedes que los militares, personas entrenadas para matar, pueden tener algún tipo de idoneidad, para transmitir valores a jóvenes que aún no han ingresado en la etapa adulta?¿Podrán los militares formar sujetos críticos con capacidad de discernir su papel en un sistema democrático?
Me atrevo a responder por los padres conscientes de la Era en que vivimos.
Aunque neguemos la posibilidad de un conflicto armado, este puede llegar a existir. ¿Pero es esto lo que mueve a los que impulsan este retroceso democrático?
No. El cacareo forma parte de una excusa para reivindicar el papel de los militares en nuestra sociedad. Forma parte de la falacia que se predica de que cuando existía el SMO (Servicio Militar Obligatorio) no había inseguridad o que a los pibes se les enseñaba disciplina y respeto. Mentiras .Es cierto que muchos jóvenes encontraron en el SMO una salida de la miseria, pero también es cierto que muchos aprendieron a robar, a naturalizar las conductas injustas, a sufrir humillaciones que los convirtieron en resentidos sociales y por sobre todo a matar, a matar al “enemigo” y quién era el “enemigo”, lo decidía “el Superior”.
La experiencia nos mostró que el militar, por la estructura misma de la Corporación, no tiene vocación democrática, por ende, no puede formar un sujeto democrático, crítico y solidario.
En todo caso, la Corporación Militar, debería nutrir sus filas con el voluntarismo. El tema de la “juventud perdida” que delinque se podría resolver con políticas sociales más firmes y efectivas. Con una Educación Popular seria, con una cadena de oportunidades que devuelva al niño y al adolecente la capacidad de soñar con un futuro mejor, que no sea el rapero mix de artista y delincuente importado, el espejo en el cual reflejarse, ni la chica de programa de la frulandula, que lucra con su cuerpo, mientras está al acecho de conseguirse “graduar” como mediática o “botinera famosa”.

Es cierto que nuestra sociedad tiene sus valores subvertidos, pero justamente fueron los militares junto a las corporaciones civiles que idearon el terrorismo de estado, usando a los colimbas para su trabajos sucios, los que subvirtieron los valores de nuestra sociedad.”El que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Eso es lo que hacen, los políticos, que advenedizamente impulsan la vuelta del SMO. Lloran y afanan. Es eso lo único que les pueden enseñar a nuestros jóvenes. Además de APRENDER A MATAR.

miércoles, 23 de abril de 2014

Antes que me olvide

Necesito escribir esto antes que me olvide, para después, poder olvidarme.
Mañana del 30 de Julio de 1976.Nos preparábamos para ir a la formación diaria a la que teníamos que comparecer todos los internos del IPFFAA. Minutos antes de las 7 de la mañana, escuchamos el sonido peculiar de un helicóptero aterrizando en el área frente al pabellón 6 bajo, donde estaba alojado con 29 compañeros. Nos allegamos a la ventana que daba al área y vimos descender del aparato unas cuantas personas, de civil. Alguien más informado dijo que eran “presos políticos”. En formación, donde se pasaba lista y se asignaban puestos de trabajo a los que no tenían uno fijo, separaron al compañero Retamales para que fuera al 7 alto. Pabellón asignado a la oficialidad detenida y que había sido previamente desocupado. Después me enteré, por “el Reta” que lo habían asignado como mayordomo del pabellón de los políticos. Yo estaba en ese momento en tareas generales debido a mi mala conducta y por ende mala calificación.
Lo que me había llevado a ese injusto calificativo había sido la necedad del director del penal, el coronel Calonge. Unos meses atrás, el médico del penal me había detectado varicocele. Hizo una orden para operarme en el Hospital Militar General en la Capital. Allí llegué, con la comisión de presentarme ante el director del hospital, el teniente coronel Gancedo. Este me atendió en un pasillo y me dijo que no tenía cama. Que me fuera a mi casa y volviera en una semana. Le dije que provenía del penal. De muy mala manera me grito:… ¿¡no me oyó!?...le dije que se fuera a su casa y volviera en una semana!
Acostumbrado a no discutir órdenes, me fui contento a mi casa. Al tercer día, un compañero que estaba en pos operatorio le dijo a mi madre que el coronel Calonge había dado la orden de mi captura a la Federal. Volví inmediatamente al Penal y no hubo forma de hacerle entender al director ni al comandante de Gendarmería, que había hecho lo que se me había ordenado. Resultado: tres meses de aislamiento. Una semana después, me enteré que Gancedo lo había llamado a Calonge para averiguar sobre mi paradero. Calonge le dijo que me tenía en el “chancho” porque me había ido a mi casa, después de verlo a él. Dicen que Gancedo lo “cagó a pedos” por disponer de un personal que estaba “a su cargo desde el momento que fui derivado bajo su cuidado”. Inmediatamente después de esa charla telefónica, Calonge fue a verme al calabozo. Estaba más colorado que sus botas preferidas. Yo, humillado, semidesnudo y con hambre. Cuando abrió la puerta del chancho, lo miré con mucho odio y me quedé sentado, desafiante, ya que la “costumbre” obligatoria era pararse y saludar, ante la presencia del “Coco”.
Peor para mí. Me gritó que me parara y que bajara la vista. Dijo:”…yo venía a sacarlo Beghé, pero ahora, por su insolencia, va a cumplir sentencia…”_y dio un portazo. Luego, el cabo “Cabeza de Piedra”, a cargo de los aislados: Jiménez, Invernizzi y yo; me confirmó que era cierto, que venía a libertarme. Fue así como, de tener 10 en calificación y reputación, pasé a tener cero. Por eso no tenia puesto fijo de trabajo, no podía recibir visitas ni tenía francos. Pero no todo el encierro fue penoso .Encontré la forma de safar. Pero es otra historia. Esto venia a que, por no tener puesto fijo y además, por saber cocinar, ya que me había pasado dos años en el casino de oficiales como ayudante de el “gran Rodri”, cocinero, me destinaron, con puesto fijo, al pabellón de los políticos. Como siempre digo y me propongo:”No hay mal que por bien no venga”.
Una soleada mañana de Agosto, estando en formación, luego de pasar lista, el gendarme que lo hacía, distribuye a los compañeros a las tareas generales menos a mí. Personalmente me lleva al 7 alto. Apenas nos adentramos unos pasos en el pabellón, que parecía vacio, sale del comedor común, un señor al que yo conocía a través de los medios. Con un pequeño tablero de dibujo en la mano, se nos acerca solícito y de muy buen talante, me estira su mano derecha, mientras el gendarme me presentaba:”Mucho gusto…Lorenzo Miguel…pero me dicen el Loro”. El gendarme me indica que a partir de ahora estaría a cargo de él. Cuando el gendarme se retira, Lorenzo me explica cual sería mi tarea: limpieza de celdas y baños, limpieza del pasillo, comedor y cocinar para todos los habitantes del pabellón. Pasó a describirme a los huéspedes uno por uno y sus respectivas celdas:”…en la primera esta el general Gómez,…el Dr. Martínez Vaca, gobernador de Mendoza...…comandante general Scotto Resende….Dr. Julio González…Menem…y Lastiri. De este otro lado tenes al Dr. Taiana…ministro de Educación….al Dr. Benítez….de Justicia, el Dr. Jorge Vázquez….diplomático, aquí estoy yo….pero por mí no te preocupes…yo mismo limpio mi celda…y aquí, el compañero Ibáñez.…creo que por él tampoco tenés que preocuparte.”
Luego me llevó a la cocina- comedor. En eso, escuchamos abrirse una puerta, al fondo del pabellón, asomó a medias una pelambre que parecía espiarnos;”…ese es Menem”_ dijo sonriéndole y saludándolo con la mano_ seguimos caminando hacia el comedor mientras, por lo bajo, me dice:”…ojo con ese que es un buchón….” Y siguió explicándome naturalmente el trabajo y los utensilios de cocina que tendría a mí cargo. Me dice que toda la comida venia una vez por semana, del frigorífico Besol, “gracias a mi comen bien todos estos, pero me tratan como si fuera su sirvienta…no me importa…para un peronista es un honor servir a los compañeros”. Me asombró su sinceridad y la ausencia de rencor en sus palabras. En ese momento empecé a verlo de otra manera. Hablamos de la causa de mi prisión, le aclaré que yo me había “hecho” Testigo de Jehová adentro de la prisión, que mi negativa a hacer la conscripción era por la objeción de mi conciencia de “aprender a matar”, más que, por una cuestión religiosa. Posición ideológica por la que era crítico a algunas cuestiones de los TJ, aunque mi inclinación espiritual me llevó a considerar positivo el bautizarme como Testigo. Muchos de mis “hermanos” no me veían con buenos ojos por la laxitud de mi conciencia, laxitud que me permitía jugar al futbol con los gendarmes, hablar de política con los políticos y confraternizar con algunos “internos”. Minutos después se presentó Ibáñez, no tan risueño como Lorenzo aunque igual de afable. Fuimos a la celda de Lorenzo, quiso mostrarnos las caricaturas que era capaz de hacer, muy buenas por cierto. Especialmente la de Menem, que era muy graciosa, con una inmensa cabeza, su cabellera con las clásicas patillonas, pero con un cuerpito esmirriado y enclenque, con una camiseta de “Riber” que vestía a modo de minifalda. Ya, en ambiente de confianza, entre los dos y mediante un vaso de vinito blanco riojano, empezaron a “ponerme en onda”, de cómo “venia la mano” con “los muchachos del pabellón”.
Antinaco era el rico vinito que disfrutábamos a eso de las 10 de esa mañana, bien frio. Mientras me contaban el menú del día:”bife de chorizo con ensalada mixta, previamente una picadita con todos los fiambres y quesos .De postre, flan que ya está preparado “como lo hacia mi vieja” dijo Lorenzo. Entre risas y bromas, me daban las “instrucciones” a seguir:” a Lastiri le servís primero”...”Claro, dije, fue Presidente…”…”nooooo”… dijeron en carcajadas…” es porque si no, se pone a cantar y nos bajonea a todos”…” “a Benítez le podés dar el morfi como quieras…primero el postre….después la picada y lo que venga…jajajaja…no distingue la diferencia….se morfa todo lo que le pongas adelante…hasta la grasa que sobre en los platos”…jajajaja…”eso sí, cuando vayas a limpiarle el baño, tené cuidado, porque no creo que cuando tire la cadena se vaya todo lo que morfó”…jejeje…”¡el agua pasa por arriba!”
No duró mucho tiempo esa tarea excepcional que me tocó realizar en mis últimos días de “interno”. Me fui de baja, con condena cumplida, el 8 de Octubre de 1976, pero en los últimos meses que pasé junto a los “muchachos” políticos, pude meditar en las peculiaridades que tiene la vida, que si sabemos sacar provecho de “las crisis”, estas son fuente de oportunidades, que si uno la toma, se despliegan en otras oportunidades. Recuerdo las charlas sobre literatura con el Dr. González, coautor del libro “Hernandismo y Martinfierrismo” ,un trabajo en conjunto con Félix Luna; con el Dr. González y el Dr. Taiana, una vez por semana, hacíamos exégesis comparativa Corán- Pentateuco y no podíamos entender la animosidad entre judíos y palestinos, siendo que tenían una raíz común, “…parecido al peronismo” comentó el Dr.Taiana. Con Menem también tuve mis buenas charlas, inolvidables “profecías” que vi cumplirse. Siempre que le arreglaba la “pieza”, casi todos los días, me invitaba a tomar un café a la turca que él mismo preparaba. Entre charla y charla me afirmó, totalmente convencido, que un día, él seria Presidente. Que se lo había prometido la Salamanca y que, cuando lo fuera, aboliría el servicio militar obligatorio “para que personas como vos, no tengan que pasar por esta desgracia “.Le dije que me parecía injusto que lo trataran con desconfianza, que pensaran que es un “buchón”…su respuesta fue la clásica: “…pero de dóoonde sacaron eeeso”……”¡y eso que hicimos un pacto de no agresión!”.Mucho no le creí, o mejor dicho, no le creí. Otros gratos momentos la pasé con el Dr. Jorge Vázquez y el general Gómez, que tenía un nieto, un niño de nomás de 10 años, que me hacia trizas en el ajedrez.
A medida que voy recordando, me van surgiendo muchas y suculentas historias, pero será para otro relato. Algo para destacar, como ejemplo de solidaridad, que se da en situaciones, muy particulares, como en la que estábamos. El día anterior a mi baja, Lorenzo se encargó de juntar dinero entre “lo muchacho” para darme un “colchoncito” en el que caer, en la vida civil. Por su lado, Menem, se me acercó a saludarme y me dijo que no tenía dinero. Le contesté que para mí era más importante si podía conseguirme un trabajo. Fue hasta su celda y me trajo dos cartas de recomendación: una para la sastrería Vega y otra para la camisería Rigars. No usé ninguna. Cuándo Lorenzo me entregó el “colchoncito”, me dio también una carta de recomendación para Radio Serra. Puedo decir, con certeza, que esos pocos días que pasé con esos “muchachos”, me enriquecieron para toda la vida. Mucho más de lo que en ese momento percibiría.
“Antes de un ruidoso estrellarse, está la soberbia”
Jorge Roberto Beghé- Pabellón 6 bajo-celda 19-IPFFAA.